Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III
466 El pesado fardo del caudillismo designios. Generalmente el cacique —persona terrateniente adinera- da— es el dador y dispensador de favores en la comarca para ello, carente de convicciones ideológicas como es, suele estar siempre OLJDGR DO SRGHU D ÀQ GH REWHQHU HO QRPEUDPLHQWR GH ODV DXWRULGDGHV FRPDUFDQDV \ SRU HVWH PHGLR PDQWHQHU VX LQÁXHQFLD HQ HO OXJDU (O gobernante central, por su parte, respalda al cacique a cambio de sus favores electorales o políticos […]. El caciquismo es un síntoma del subdesarrollo político de una comunidad. Mientras más avanzada es una sociedad menos cabida hay para ese tipo de caudillismo ma- lévolo y bastardo. 8 3HUR ODV GHÀQLFLRQHV WHyULFDV VH TXHGDURQ FRUWDV FRQ ORV WHVWLPRQLRV GH ORV propios caudillos. Muchos de ellos, conscientes de que la historia los juzgaría, GHFLGLHURQ GHMDU VX LPSURQWD FRQ ODV MXVWLÀFDFLRQHV GHELGDV D VXV DFFLRQHV El triunfo del caudillo se derivaba del magnetismo y de su capacidad de doblegar las voluntades de hombres harapientos, hambrientos e incultos. Solo la fe ciega hacia su persona permitió movilizar a hombres que, sin saber- lo, luchaban por el nacionalismo, aunque no conocieran la palabra y mucho PHQRV VX VLJQLÀFDGR (Q VXV FRUD]RQHV ~QLFDPHQWH H[LVWtD HO GHEHU GH VHJXLU ciegamente al caudillo. 4XL]iV HO PiV VLJQLÀFDWLYR FDXGLOOR QDFLRQDO IXH 3HGUR 6DQWDQD TXLHQ supo movilizar a un grupo de hombres desde el lejano Hato Mayor hasta Azua en marzo de 1844. Este ejército improvisado atravesó la isla a pie y a caballo para enfrentar al presidente haitiano Charles Hérard. La batalla del 19 de marzo ha sido una de las más memorables de la historia militar domi- nicana. Fue ejecutada por un puñado de seguidores de Santana, sin entre- namiento y sin los equipos adecuados. Este hecho evidencia no solo la gran FDSDFLGDG PLOLWDU GHO FDXGLOOR VLQR WDPELpQ VX JUDQ LQÁXHQFLD HQ OD YROXQWDG de sus seguidores. El cónsul Saint-Denis, un testigo privilegiado de los acon- tecimientos dominicanos en torno a la independencia, describe la batalla de la siguiente manera: El 17 una columna de 700 españoles llegó a Neiba bajo las órdenes del general Santana y del coronel Cabral para socorrer a los habitan- tes y enfrentar la invasión de las tropas haitianas que se hacía más inminente. Esta columna, precedida de una vanguardia muy débil, marchaba sin orden y con seguridad no se creía tan cercana al enemi- go. Llegó a un lugar llamado Los Quemadillos, y allí se encontró de repente con su presencia […]. De ambas partes hubo heridos, pero
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