Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III
Historia general del pueblo dominicano 437 militares, su jefe dispuso el ataque inmediato al fuerte San Felipe, de Puerto Plata, que había sido ocupado por los insurrectos, y a la casa de gobierno en la plaza, donde el general Juan Suero y la guarnición bajo su mando estaban sitiados. Los insurrectos fueron vencidos y empujados fuera de la ciudad. En esta operación perdió la vida el coronel Arizón. Los revolucionarios reagrupados en Quinigua se prepararon para el ataque a Santiago. Con un improvisado ejército de 6 a 7 mil hombres, muy pronto ocuparon parte de la ciudad. Los intentos del brigadier Manuel Buceta para desalojarlos resultaron fallidos, por lo que se vio precisado a retirarse, concentrar sus fuerzas en el fuerte San Luis. El 31 de agosto el brigadier y su guarnición, de alrededor de 800 hombres, se encontraban sitiados por las fuerzas revolucionarias, las cuales, tras posesionarse de los fuertes Dios, Patria y Libertad, no tardaron en tener la ciudad bajo su absoluto control. El 6 de septiembre los revolucionarios atacaron el fuerte San Luis, pre- viendo la posibilidad de ser embestidos por la retaguardia, pues se esperaba el arribo de una columna española procedente de Puerto Plata. La batalla fue cruenta. Los dominicanos fueron rechazados varias veces. Ante la imposibili- dad de tomar el fuerte, prendieron fuego a una casa contigua, como medio para acrecentar la hostilidad hacia los enemigos y producir su derrota inmediata. 37 El incendio destruyó a Santiago casi totalmente. Aún no había concluido cuando llegaron al escenario del combate las tropas provenientes de Puerto Plata. La brigada, compuesta de 1,400 plazas, con soldados de tres batallones, estaba comandada por el coronel Mariano Cappa, quien de inmediato ordenó el ataque sobre el fuerte Dios y posteriormente sobre el Patria y el Libertad, último en caer en manos de los soldados enemigos. La columna española logró desplazar a los revolucionarios del centro de la ciudad. Los combates se dieron bajo las peores condiciones. Todavía el fuego no había cesado y, con la «población envuelta en llamas», las tropas es- pañolas lograron desarticular momentáneamente la ofensiva revolucionaria. La desbandada forzosa de las fuerzas restauradoras permitió a las columnas de Cappa unirse en el fuerte San Luis con las fuerzas de Manuel Buceta. Los revolucionarios reaccionaron y lograron organizar nuevamente sus fuerzas, ahora teniendo sitiadas no solo a las tropas que estaban en el fuerte, sino también a la brigada recién llegada de Mariano Cappa. De esta forma, la situación de los españoles había variado poco, seguían sitiados y en condicio- nes mucho peores por el estado de ruina y desolación en que el incendio y los combates habían dejado la ciudad. Procurar la subsistencia de un contingente GH VROGDGRV \ RÀFLDOHV GH WDO PDJQLWXG MXQWR D ORV KHULGRV \ ODV IDPLOLDV GHO pueblo refugiadas en el fuerte, era una tarea de casi imposible realización.
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