Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III

Historia general del pueblo dominicano 435 grupos operaban con la solapada complicidad del Gobierno haitiano, el cual tenía razones poderosas para apoyar cualquier movimiento en la Parte del Este tendiente al restablecimiento de la República, dado que España mantenía la esclavitud en sus posesiones coloniales de Cuba y Puerto Rico. A pesar de la prohibición de la esclavitud en la nueva provincia española, la presencia FRORQLDO FRQVWLWXtD XQD SHUPDQHQWH DPHQD]D SDUD +DLWt $ HVD GHVFRQÀDQ]D VH DxDGLy OD 5HDO 2UGHQ GHO GH HQHUR GH FX\D ÀQDOLGDG HUD OD UHFXSH - ración de los territorios fronterizos de los cuales los haitianos habían tomado posesión durante el tiempo de Toussaint Louverture. El cumplimiento de esa orden implicó el desalojo de cientos de haitianos de los pueblos y campos de Hincha, Las Caobas, San Rafael y San Miguel de la Atalaya. A juicio de José de la Gándara, «fue la más impolítica de toda la legislación española, sino WDPELpQ TXH > @ GLR D ORV FRQVSLUDGRUHV GRPLQLFDQRV DJHQWHV HÀFDFHV \ D ORV pelotones rebeldes un contingente valiosísimo». 30 Las medidas político-administrativas de las autoridades españolas, aun- que lograron un momentáneo restablecimiento de la paz, no contribuyeron en modo alguno a despejar la atmósfera generalizada de inquietud. Esta situa- FLyQ GH PDOHVWDU S~EOLFR GH GXGDV \ GHVFRQÀDQ]D VH YLR IRUWDOHFLGD SRU ODV actividades de Santiago Rodríguez, Benito Monción, Pedro A. Pimentel, José Cabrera y Gregorio Luperón, $ ÀQDOHV GH MXQLR ODV DXWRULGDGHV HVSDxRODV HPSH]DURQ D UHFLELU PHQVDMHV en torno a «que una cuadrilla de insurrectos dominicanos, capitaneados por Ignacio Reyes, Santiago Rodríguez y Benito Monción, se habían reunido en los muros de la Sabaneta Española, con el designio de tomar las armas contra España hacia el 15 del presente mes». 31 Información similar fue ofrecida a las autoridades por Juan Antonio Alix, quien había sido indultado junto a un tal Eusebio Gómez, a principios de agosto. Pero noticias mucho más alarmantes habían llegado a conocimiento del brigadier comandante general del Cibao, Manuel Buceta, en el sentido de que «próximo a la bahía de Manzanillo entran con frecuencia buques mercantes y de guerra del Norte de América, que de algunos de estos se han desembarcado armas aunque en pequeño número que fueron introducidas subrepticiamente en el territorio de la República». 32 Al parecer la presencia de buques nortea- mericanos en ayuda a los insurrectos de la frontera se había convertido en un secreto a voces, pues el comandante de armas de Monte Cristi, Pedro Ezequiel Guerrero, en carta del 8 de agosto, le expresó a Buceta: «[...] Sr. general le suplico tenga la bondad de decirme si V. E. sabe algo de que se quiera tramar revolución, pues aquí andan unas noticias muy calientes de que daré a V. E. conocimiento de todas las habladas [...] que viven inquietando las familias

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