Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III
Historia general del pueblo dominicano 431 Al gobernador le debió parecer un tanto sospechosa la pretensión de los miembros del Cabildo de que abandonara la comandancia de sus tropas en el fuerte para reunirse con ellos en un pueblo en estado de rebelión. Lo que él no sabía era que entre los miembros del Cabildo existía la idea generalizada de que ellos podían convertirse en una fuerza mediadora entre la gente de tropas y el pueblo, en aras de buscar una salida negociada a la crisis creada por la rebelión. Con esta idea en mente, los miembros del Cabildo enviaron una comisión compuesta por su presidente, el general Juan Luis Franco Bidó y Máximo Grullón, donde los rebeldes, en ánimo de recomendarles «[...] la mayor mo- deración y conservación de la tranquilidad pública». 22 Fue en este momento cuando «el presidente del Ayuntamiento se vio arrastrado por el raudal impe- tuoso de la revolución». A juicio de algunos testigos, la presencia del general Franco Bidó en la plaza contribuyó, en gran medida, a enardecer el ánimo de los rebeldes, quienes poco antes habían soltado los presos de la cárcel. Ya en la plaza, los rebeldes y los presos dieron vivas a la República Dominicana, al D\XQWDPLHQWR \ DO JHQHUDO %LGy (VWH ~OWLPR OHV UHÀULy D ORV SUHVRV TXH SRU esas circunstancias se hallaban en el caso de defender la bandera dominicana hasta perder la última gota de sangre. Es decir, el munícipe había quedado arrastrado, aparentemente en forma espontánea, en el movimiento revolucio- nario, pudiendo apenas dirigir las palabras a nombre del ayuntamiento. Pero ya era demasiado tarde. Los insurrectos «[...] ejerciendo [...] actos de soberanía», no solo habían proclamando la república y soltado a los pre- sos de la cárcel pública. También habían atacado a dos soldados españoles que por una u otra razón no se habían concentrado en el fuerte junto a las tropas. Realmente la agresión a dos soldados y la sustracción de sus armas y equipo fueron la causa inmediata para la reacción del gobernador interino, quien consideró esto «[...] un principio de las hostilidades contra la tropa y por consiguiente contra el gobierno de S. M. la Reina [...]». 23 Así, dos compañías al mando del comandante Francisco Aguilera y el capitán José Lapuente, en un ataque relámpago a los grupos insurrectos, lo- graron causarles varios muertos. Bajo un nutrido tiroteo, los rebeldes fueron arrollados hasta las afueras de la población. Las tropas españolas resultaron con tres heridos, y acto seguido regresaron al fuerte San Luis. Rotas ya las hostilidades, el Ayuntamiento envió una comisión al fuerte, la cual le expuso al gobernador su preocupación por los acontecimientos y le ofreció su mediación. El objetivo era lograr la capitulación de las tropas espa- ñolas y su abandono de la ciudad, junto a las familias refugiadas en el fuerte, para evitar más confrontaciones con los insurrectos. Según las apreciaciones
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