Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III
416 La Anexión a España El sistema de bagaje fue exageradamente abusivo e implicaba una dismi- nución de los ingresos potenciales y reales de los recueros y un maltrato de sus medios de transportación. Otro aspecto abordado por las autoridades fue el religioso. La religión en su conjunto no escapó a la línea de acción de la política administrativa colo- nial, cuyo objetivo era reorganizar la Iglesia acorde con los patrones vigentes en las otras colonias españolas de ultramar, siguiendo el modelo institucio- nal y pastoral español. Este esfuerzo se inició con los Reales Decretos sobre arreglo y dotación del culto y clero y sobre arreglo del Cabildo de la Iglesia Metropolitana de Santo Domingo, de mayo-junio de 1862. Ambos decretos, junto con la carta pastoral del arzobispo Bienvenido Monzón, sentaron las bases de la política religiosa de España en Santo Domingo. En sus inicios los esfuerzos del arzobispo fueron dirigidos a asegurar un control absoluto sobre la jerarquía eclesiástica, nombrando al Cabildo de Canónigos de la Catedral, a destacados teólogos españoles para los cargos de arcediano, chantre, deán y las canónigas de merced, magistral, peniten- ciaria, etc. La organización de la nueva Iglesia implicó la organización de los archivos, el inventario de bienes, la reglamentación de las funciones sagra- das, el código de disciplina del Seminario, el listado de bienes eclesiásticos reclamados, etc. Del control sobre la jerarquía se pasó al desplazamiento de muchos sa- cerdotes dominicanos. Algunos se opusieron a la Anexión, como es el caso de Fernando Arturo Meriño, pero otros apoyaron la empresa. Estas dispo- siciones y la Real Cédula del 20 de abril de 1862, asignándoles un sueldo ÀMR \ REOLJiQGRORV D SUHVWDU VHUYLFLRV JUDWLV D OD SREODFLyQ HQ OR UHIHUHQWH D matrimonio, bautismo, misas, entierros, causaron sensible descontento, pues limitaron los ingresos de los sacerdotes católicos. Tambien se suspendió el matrimonio civil, el 4 de mayo del mismo año. Estas reglamentaciones crearon serias contradicciones entre los religiosos dominicanos y la jerarquía eclesiástica. Pero lo que hizo posible un desconten- WR JHQHUDOL]DGR D QLYHO GH DPSOLRV VHFWRUHV VRFLDOHV IXH OD SDVWRUDO GHO GH enero de 1863 97 donde el arzobispo Monzón, guiado por un afán moralizante, pretendió obligar a los dominicanos a contraer matrimonio por la Iglesia, que UHQXQFLDUDQ D OD PDVRQHUtD \ REOLJDU D ORV VDFHUGRWHV D OD LGHQWLÀFDFLyQ GH ORV herejes y de sectas a las que pertenecían. La carta-pastoral era una legítima expresión de la mentalidad eclesiás- tica-medieval, la cual pretendía lograr, mediante terrores inquisitoriales, lo que el arzobispo llamaba «nuestra preciosa unidad católica», que desconocía la realidad social en la que operaba. De ahí que las autoridades eclesiásticas
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