Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III
Historia general del pueblo dominicano 391 se habían combatido y cooperado al sostenimiento de la nacionalidad; que al Gobierno español era a quien correspondía dar a esto una solución pronta y que entre tanto espera que España no le abandonará en la obra de conservar el orden y salvaguardar el país de las intrigas y propagandas de los americanos y haitianos siempre en aumento». 43 Tanto Rubalcaba como Peláez de Campomanes y el cónsul español, Mariano Álvarez, rindieron informes a las autoridades españolas que coinci- dían en señalar no solo la importancia geo-económica de Santo Domingo para España, sino también la alta dosis de españolismo del pueblo dominicano. Los tres informes, además, coinciden en señalar ese doble peligro que acechaba la nacionalidad dominicana y la necesidad de conjurarlo mediante la acción efectiva de España. La idea del doble peligro enlazaba con la doctri- na hispanista del siglo XIX , una especie de determinismo cultural y moral que enfatizaba la identidad cultural de los pueblos y gobiernos latinoamericanos con España, la cual se enfrentaba con la cultura anglosajona de los Estados Unidos. España se percibía como la directora del mundo hispánico, con el cual enlazaba por el legado histórico de religión, idioma y las costumbres en el Nuevo Mundo. La respuesta española se enmarcó dentro del binomio protectorado- DQH[LyQ TXH WHQtD FRPR GHQRPLQDGRU FRP~Q XQD LQÁXHQFLD FDGD YH] PD\RU en el Estado dominicano. Sin embargo, estas dos opciones, que se habían presentado a las autoridades españolas en múltiples ocasiones, fueron siste- matizadas por el cónsul Mariano Álvarez, quien favoreció la anexión porque, a su juicio, facilitaba su implementación. Los proyectos de protectorado o anexión fueron presentados al gober- nador y capitán general de Cuba por el ministro Pedro Ricart y Torres, quien viajó a La Habana el 18 de noviembre de 1860. El propósito aparente de su viaje fue solicitar un empréstito de las autoridades españolas. Las condiciones exigidas si se aceptaba la anexión serían el no restablecimiento de la esclavi- tud, que se amortizara el papel moneda y que el país fuera considerado como una provincia de España. Muchas de las condiciones para el protectorado empezaron a implementarse, como es el caso de entrenamiento de militares, OD LQPLJUDFLyQ GH RÀFLDOHV HVSDxROHV \ FDQDULRV HWF /XHJR GH ODV SURSXHVWDV añadía «que el deseo preferentemente del presidente Santana, de su gobierno y de la mayoría del pueblo dominicano, sería que el gobierno de S. M. C. admitiera la anexión como medio más útil y provechoso para ambos países». 44 Una vez conocidos los proyectos, se acordó que Ricart y Torres elevase un despacho a Serrano para que este a su vez encaminara la pertinente consulta a Su Majestad. Dentro de este proceso de negociaciones, la visión particular de
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