Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III

Historia general del pueblo dominicano 389 deliberado propósito de proteger los intereses de los súbditos españoles y prestar fuerza moral al Gobierno dominicano. Francisco Serrano, gobernador de Cuba, no vaciló en modo alguno, en acceder a la petición del cónsul Mariano Álvarez, pues estaba acorde con su particular visión sobre la importancia de la isla para la dominación hispánica en las Antillas. A su juicio, toda la política exterior española debía concen- trarse en la cuestión dominicana. Ahí debían radicarse todos los esfuerzos GHO 0LQLVWHULR GH 8OWUDPDU \ GHEtD ÀMDUVH ©OD SROtWLFD QDFLRQDO HQ $PpULFDª En modo alguno, los españoles debían permitir que Santo Domingo se con- YLUWLHUD HQ HO FXDUWHO JHQHUDO GHO ÀOLEXVWHULVPR HQ ODV $QWLOODV (Q VXV SURSLDV palabras: [...] Estoy convencido de que toda la política de España en estas regiones debe concentrarse en esta cuestión; en hacer frente a los DPHULFDQRV > @ 1XHVWUR LQÁXMR SUHSRQGHUDQWH \ H[FOXVLYR HQ 6DQWR Domingo, bien por un protectorado, por alianza u ocupación o cualquier otro medio en proporción a las circunstancias, es indis- pensable para la seguridad y el porvenir de nuestras posesiones tras-atlánticas. 39 En consonancia con sus ideas, él aconsejó al general Alfau «[...] repeler WRGD DJUHVLyQ YHQJD GH GRQGH YHQJD SURPHWLpQGROH DX[LOLRV PiV HÀFDFHV Estos auxilios serán de buques, armas y municiones [...]. En cuanto al envío de tropa de desembarco, no me comprometo hacerlo, mientras no reciba au- torización de Madrid». 40 Aunque en la Colección Herrera no se incluye la carta de Antonio Abad Alfau, por documentos posteriores sabemos que el pretexto para la petición de Serrano lo fue «la asechanza de dos razas relativamente fuerte». A pesar de que el peligro haitiano había desaparecido, él no cesaba de pedir los auxilios de tropa dada la creciente inseguridad del país. Pero los auxilios de tropas adicionales llegaron muy pronto, quizás de acuerdo a los planes previsto por Alfau y los demás componentes del gru- po gobernante. Pues, a partir de la visita del vapor 'RQ -XDQ GH $XVWULD , las negociaciones tomarían un giro todavía mías acelerado. Así, el 3 de julio de 1860 el vapor 3L]DUUR , en viaje hacia el apostadero naval de La Habana, hacía su entrada en Santo Domingo, trayendo a bordo al jefe de la escuadra de la armada, Joaquín Gutiérrez de Rubalcaba. A pesar de no ver a Santana, logró entrevistarse dos veces con el vicepresidente de la República. En la segunda entrevista participaron los ministros y altos funcionarios del Gobierno.

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