Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III

Historia general del pueblo dominicano 379 a reconocer la independencia de la República si el Gobierno domi- nicano quiere enviar un agente a Madrid. Exponga V. además a dicho gobierno cuán funesto sería, no solo para la independencia de su país, sino también para el porvenir de su raza que los Estados 8QLGRV VHQWDVHQ HO SLH HQ OD LVOD \ SURFXUH 9 XWLOL]DU OD LQÁXHQFLD GH los agentes consulares de Francia e Inglaterra, interesados en poner coto a las invasiones de la Unión Americana, para contrarrestar los planes ambiciosos de la misma. 20 El nombramiento de parte del Gobierno dominicano de Rafael María Baralt comoministro plenipotenciario en la Corte deMadrid constituyó el primer paso HQ HO HVIXHU]R SRU OD UDWLÀFDFLyQ GHO WUDWDGR TXH FRQVDJUy HO UHFRQRFLPLHQWR GH la independencia dominicana por parte de la nación española. Posteriormente, las autoridades españolas designaron a Antonio María Segovia e Izquierdo como cónsul de España en la República Dominicana. El célebre cónsul arribaría al país el 27 de diciembre de 1855 portando un Tratado de Reconocimiento, Paz, Amistad, Comercio y Extradición, donde se reconoció que: […] usando la facultad que le competía por decreto de las cortes generales del reino, de 4 de diciembre de 1836, renuncio en él para siempre del modo más formal y solemne, por sí y sus sucesores, la so- beranía, derecho y acciones que les correspondían sobre el territorio americano conocido antes bajo la denominación de Parte Española de la isla de Santo Domingo, actualmente República Dominicana; y cedía y traspasaba esa soberanía, derecho y acciones a la mencionada República, para que usara de la una y la otra con la facultad propia y absoluta […]. 21 No es tarea de este capítulo analizar las conocidas peripecias y desaso- siegos que produjo la Matrícula de Segovia y la consabida interpretación GHO DUWtFXOR VpSWLPR GHO WUDWDGR GRPtQLFR HVSDxRO GH QHJDWLYD LQÁXHQFLD HQ nuestra vida republicana. Interesa fundamentalmente destacar que la idea del protectorado se mantuvo vigente a pesar del reconocimiento de la indepen- dencia y del Tratado de Paz, Amistad, Comercio y Extradición. El intervencionismo del cónsul Segovia en nuestra primigenia vida re- publicana podía verse en función de la posibilidad de concretizar el proyecto de protectorado que sometió a Buenaventura Báez. De implementarse dicho proyecto, la República habría de convertirse en un sistema político híbrido bajo la dominación de un «comisario regio», colocando la política exterior

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