Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III
Historia general del pueblo dominicano 359 de pensamiento que debía costarle muy caro, condenándola en consecuen- cia a luchar desde su cuna por la destrucción de los mismos principios que proclamaba, y la restauración del régimen autoritario de gobierno que se proponía abolir». 84 De su lado, Manuel Arturo Peña Batlle expresa que Santana en el fondo representaba un sistema opuesto al que ellos querían implantar […] un hombre que por sus antecedentes, por su misma estructura moral, por su incapacidad mental, por sus ideas y sus RSLQLRQHV ELHQ FRQRFLGDV GHO SDtV QR SRGUtD QXQFD LGHQWLÀFDUVH FRQ HO SURSyVLWR GH UHIRUPD GRFWULQDULD \ GH ÀORVRItD SROtWLFD HQ que descansaba el movimiento armado del 7 de Julio. Ese hombre, Santana, más arraigado en la conciencia popular, más conocido en el país, con ejecutorias más largas que Báez, era el enemigo natural e instintivo de las ideas avanzadas, y debió inspirar mayores recelos que el mismo Báez, a los hombres de la revolución. Santana, enca- EH]DQGR HQ OD UHDFFLyQ VLJQLÀFDED HO IUDFDVR \ OD FDtGD GH %iH] HV YHUGDG SHUR VLJQLÀFDED WDPELpQ HO WULXQIR GH ODV LGHDV DEVROXWLVWDV \ GHO PiV DWUDVDGR VLVWHPD GH JRELHUQR 6LJQLÀFDED HO WULXQIR GHO mismo sistema de Báez, porque estos dos hombres, separados solo por la ambición y los intereses, vivían unidos por las ideas y por la misma aspiración política. 85 Así como el ultimátum de Franco Bidó de que tomaría la ciudad a sangre y fuego «no hizo más que provocar la risa», los bombardeos de la artillería de Santana fueron objeto de burla por parte de los baecistas; conforme describe Damián Báez: «cuando el enemigo hacía fuego, impresionaba tan poco a la po- blación que de la Fortaleza de Santa Bárbara, al contestar con una o dos piezas, DFRPSDxDED OD %DQGD GH0~VLFD WRFDQGR DO HQHPLJR ´/D0DQJXOLQDµ $O ÀQ ODV balas que entraban a la ciudad vinieron a ser el juguete de los muchachos que las recojían y llevaban a la guardia del Palacio por dos papeletas cada una». Y es que como explica Lluberes, «Santana no se decidió a atacar decisivamente en ningún momento. Solo hubo algunas escaramuzas». 86 En este mismo sentido, Báez Guerrero apunta que «casi diariamente había breves tiroteos entre solda- dos baecistas y revolucionarios pero esos encuentros no pasaban de grescas con pólvora. Algunas de las “batallas” de esta guerra fueron resueltas con simples conversaciones entre comandantes que cambiaban de mando antes que caerse D WLURV 6LQ HPEDUJR Vt KXER ÀHURV FRPEDWHV HQ HO FXUVR GHO DxR TXH GXUy OD revolución, especialmente durante los primeros dos meses». 87
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