Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III

356 La revolución de 1857 podríamos comprender a uno y otro lado de la raya divisoria su- puesta a la confrontación por el color ideológico: conservadora y unitaria la que sostenía accidentalmente a Báez como presidente de la nación; y liberal y federativa la que se nucleaba en la región centro-septentrional del país; y por el matiz cultural ínsito en una y otra banderías podría especularse que la primera respondía secular- mente al legado de la crianza uncido a la tradición urbana asumida HÀFLHQWHPHQWH SRU %iH] \ OD RWUD GH UHVXHOWR FDUiFWHU DJUtFROD D OD FXOWXUD GHO WDEDFR TXH \D GLVSRQtD GH ÀUPH \ SUyVSHUR PHUFDGR en el exterior. 59 Las tropas cibaeñas —un «ejército anacrónico» lo llama Cassá— 60 fueron comandadas por el general Juan Luis Franco Bidó y se enfrentaron a fuerzas leales a la administración de Báez en La Vega, Santiago, 61 Hato Mayor, Azua, 62 Samaná —aquí incluso en alta mar— 63 Higüey y Santo Domingo, última esta que cercaron durante once meses a partir del 31 de julio de 1857 64 con desgas- tantes ataques y combates en los que tomaron parte la infantería y la artillería, que no pudieron romper la defensa que les antepuso Báez sobre la base de las armas y municiones que importó desde Curazao y Saint Thomas. Francisco del Rosario Sánchez y José María Cabral encabezaron la defen- sa de la plaza 65 junto al general Merced Marcano y los coroneles Juan Erazo y Gabino Simonó. 66 (QWUH ORV TXH FRPSRQtDQ ODV ÀODV EDHFLVWDV VH HQFRQWUD - ban veteranos de Neiba, Barahona, Azua, El Maniel, Baní, San Cristóbal, San Carlos, Higüey y Samaná, así como integrantes de «la juventud más escogida GH OD &DSLWDOª (O DSR\R QDYDO OR RIUHFtD XQD ÁRWLOOD GH RQFH EXTXHV DUPDGD gracias a empréstitos de la casa J. A. Jesurun & Zoon, de Curazao, la cual llegó a bloquear la ciudad de Puerto Plata. 67 De su lado, los revolucionarios establecieron su cuartel en El Caimito, cerca de San Carlos, y una línea de defensa con fuerzas escalonadas en San Gerónimo, el camino de Santa Cruz, El Esperillón, el Alto de Galindo, El Ancón, Agua Dulce y Pajarito. 68 (O VLWLR GH OD FDSLWDO SUHFLVD %iH] *XHUUHUR ©LQLFLDOPHQWH XQLÀFy D los jóvenes mejor instruidos y a las familias de Santo Domingo que habían entendido que Báez representaba mejor que cualquier otro político las espe- ranzas de paz y modernización. El recuerdo de la prosperidad y tranquili- GDG GXUDQWH VX SULPHUD DGPLQLVWUDFLyQ PRWLYDED XQ ÀUPH DSR\R VLQ HO FXDO habría sido casi imposible resistir durante un año el asedio de las tropas golpistas. Pero aun así las condiciones de vida en la sitiada ciudad eran di- fíciles —como toda situación de guerra— y agudizaban la desesperanza de ORV PiV FRPSURPHWLGRV FRQ HO EDHFLVPR $ ÀQHV GH XQ KLMR GHO FyQVXO

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