Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III
Historia general del pueblo dominicano 345 el presidente Santana fue envuelto en una telaraña política audaz- mente tendida entre Saint Thomas y la ciudad de Santo Domingo por Báez —a la sazón estante en esa isla— y Segovia, y hombre de redu- cidas ideas —o de amplia y sagaz percepción— optó por renunciar a la presidencia sucediéndole en el mando su vicepresidente Manuel de Regla Mota, sureño, banilejo por más señas, quien debía terminar su primer período presidencial de los asignados al general Santana. Su gobierno fue efímero: estrujado increíblemente por Segovia re- VLJQy HO PDQGR HO ÁDPDQWH SUHVLGHQWH SHUR DQWHV TXH pO OR KLFLHUD presentó su renuncia Antonio Abad Alfau, capitaleño recién electo vicepresidente de la República. Un vacío de poder admirablemente encaminó a Báez nuevamente a la Presidencia de la República en el trayecto de un episodio que puede ser considerado como un golpe de Estado político maestro en su proyecto y en su cristalización. 15 Para el momento del ascenso de Báez, Santana había dejado tan deprecia- da la moneda que una onza de oro costaba mil cien pesos nacionales, mientras que en la década anterior, durante la primera presidencia de Báez, la onza de oro solo valía cuarenta pesos nacionales. La república contaba ya con unas 23 emisiones monetarias que habían colocado el valor del peso muy por debajo del peso fuerte español o del dólar norteamericano. 16 «La política monetaria de Báez en su segundo gobierno, pues —concluye José Báez Guerrero— estuvo condicionada por la terrible situación heredada de la administración de Santana». 17 Este autor explica que, con las reservas monetarias desechas, Báez se em- peñó en la búsqueda de un equilibrio económico para estimular la competen- FLD \ HO FUHFLPLHQWR HFRQyPLFR \ EHQHÀFLDU D ODV PD\RUtDV SRU OR TXH FRPHQ]y a recoger buena parte de la moneda extranjera que llegó al país en 1856 para pagar la cosecha de tabaco de 1857, sustituyéndola con nuevas emisiones de papel moneda que evitarían la escasez de dinero y el agio de los comercian- tes. 18 Jaime de Jesús Domínguez plantea, sin embargo, que el objetivo de tales emisiones, ordenadas bajo el pretexto de que en la época de la venta del tabaco escaseaba el papel moneda, era canjear por pesos nacionales las onzas de oro pagadas a los comerciantes por la venta del tabaco de aquella cosecha, cuyos precios fueron los mejores del siglo XIX hasta ese momento —doscientos pesos fuertes por un quintal—, aunque reconoce que «el sector mercantil cibaeño HVSHFXODED KDFLHQGR ÁXFWXDU OD UHODFLyQ GH ORV SHVRV QDFLRQDOHV FRQ UHVSHFWR a las onzas de oro» durante la época de la recogida de la hoja, generando pérdidas para la población, en particular los cosecheros. 19 Lo cierto es que,
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