Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III
322 Fundación del Estado-nación grupo conservador), las horas del gobierno trinitario estaban contadas, razón SRU OD TXH HUD SUHFLVR DFWXDU FRQ SUHVWH]D \ HÀFDFLD D ÀQ GH FRQWUDUUHVWDU OD ofensiva de Santana y los afrancesados. Días después del pronunciamiento de Santiago, también Puerto Plata se adhirió al mismo y puede colegirse que, dada la incidencia de los trinitarios en los demás pueblos del Cibao (especial- mente Moca, San Francisco y La Vega), si Duarte hubiese aceptado su procla- mación como presidente, el país se habría escindido en dos Estados: uno en el norte, con sede en Santiago, bajo control de los trinitarios, y el otro en el sur, con sede en Santo Domingo, en manos de los conservadores. ¿Es cierto que Duarte, cuya doctrina y prédica políticas estuvieron sustentadas en el respeto a las leyes y en el establecimiento de un gobierno democrático, aceptó la aclamación (que no designación) para presidente de la República? Algunos historiadores, pertenecientes a la llamada «escuela sanchista», han considerado como un craso error la jugada política de Mella, FDOLÀFiQGROD FRPR XQ ©VHJXQGR JROSH GH (VWDGRª R VL VH TXLHUH FRPR XQD suerte de «auto-golpe», ya que se trató de una «temeraria acción» promovida por el ala más radical de La Trinitaria, representada por Mella en el Cibao. En relación con esa línea de argumentación, también ha habido quienes de- ÀHQGHQ OD WHVLV GH TXH 'XDUWH DFHSWy OD SURFODPDFLyQ FRPR SUHVLGHQWH GH OD República; y que el comportamiento político de Duarte y Mella, en julio de 1844, fue la causa que «determinó el aplastamiento, por muchos años…, del partido nacional por las fuerzas dominantes». 75 Nada más incierto. Emocionado por las manifestaciones de cariño, adhesión y respaldo que recibió durante su breve estadía en el Cibao, Duarte simplemente agradeció el espontáneo gesto de sus conciudadanos, pero no aceptó, ni pudo haber aceptado, la referida proclamación como presidente debido a que no se trató del resultado de un certamen comicial democrático que legitimara la asunción del poder político por parte del partido nacionalis- ta. «Hay motivos para sospechar que [a Duarte] no se le escapaba que dentro de la poca madurez política del pueblo dominicano no podía esperarse ni re- motamente que, en ese campo, las nociones legales enmarcaran las efusiones de la simpatía y el afecto. Por eso, si bien lo vemos acogiendo con tolerancia aquellas protestas en su favor, jamás llegamos a percatarnos, por su actitud, TXH ODV UHFLELHUD \ XWLOL]DUD SDUD MXVWLÀFDU DIDQHV GH SRGHU SHUVRQDOª 76 Una prueba inequívoca de que Duarte declinó la proclamación como presidente es que en momento alguno estructuró gobierno, es decir, no formó gabinete, ni HPLWLy GHFUHWRV QL H[LVWH XQ VROR GRFXPHQWR TXH OOHYH VX ÀUPD HQ FDOLGDG GH Presidente de la República. Duarte era consciente de que si hubiese aceptado HVDV SURFODPDV OD JXHUUD FLYLO IUDWULFLGD KDEUtD VLGR LQHYLWDEOH 6H VDFULÀFy
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