Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III
Historia general del pueblo dominicano 319 falta de información oportuna no contó con el respaldo de la mayoría de la población. Aparentemente, los trinitarios tomaron control del poder político, pero el poder económico y, sobre todo el poder militar, continuaron en manos de los afrancesados. «En las circunstancias en que nació la República, tener el mando del ejército, era tener la dirección de los asuntos políticos, era tener la dirección del país». 71 A los pocos días del 9 de junio tuvo lugar un episodio al parecer intrascendente. Se trató de uno de esos episodios fortuitos, contingen- tes, no previstos por los actores principales de determinado acontecimiento histórico y que postreramente se comprueba que tuvo algún impacto singular HQ OD FRQFDWHQDFLyQ GH ORV KHFKRV REMHWR GH HVWXGLR PH UHÀHUR D OD UHSHQWLQD muerte de Ramón Santana, hermano gemelo de Pedro, acaecida el 15 de ju- nio. A diferencia de Pedro, Ramón simpatizaba con la causa de los trinitarios. Recuérdese que en 1843, cuando Duarte visitó El Seibo para reclutar adeptos y lograr el respaldo de los gemelos Santana, fue con Ramón con quien se reunió y acordó todo lo relativo a la participación de los hermanos en la revolución, pues Pedro no se encontraba en El Prado y, por tal motivo, no tuvo oportu- nidad de conocerle personalmente. Se dice que en muchos aspectos, Ramón Santana actuaba como factor de equilibrio entre su hermano y los liberales, por lo que algunos historiadores estiman que su súbito deceso, además de haber sumido en honda depresión al héroe de Azua, eliminó del escenario SROtWLFR D OD ~QLFD SHUVRQD FRQ FDSDFLGDG SDUD LQÁXLU HQ HO iQLPR GH 3HGUR Santana, además del único que podía conciliar entre este y los trinitarios. Al cabo de varios días de la muerte de Ramón, el general Santana reiteró su solicitud de retiro en vista de que debía resolver asuntos personales re- lacionados con los bienes de su difunto hermano. Sin embargo, todo parece indicar que Santana, una vez enterado de los sucesos políticos del 9 de junio, que provocaron que tanto Bobadilla como Caminero se refugiaran en el con- sulado francés, cambió de actitud y fuera porque estuviera bien asesorado o por su propia intuición, lo cierto es que decidió no dimitir como jefe del ejército del Sur. Mientras discurrían esos acontecimientos, en el Cibao reinaba un clima de general incertidumbre debido, entre varios motivos, a la prolongada per- manencia del ejército haitiano en Azua. Se rumoreaba insistentemente que de un momento a otro los haitianos reanudarían las hostilidades por el norte y que, en función de su superioridad numérica en hombres y armamentos, a los invasores no les resultaría difícil doblegar la resistencia de los dominicanos y reconquistar la Parte del Este. Además, en Santiago existía seria preocupación porque cada día cobraba mayor fuerza un pequeño movimiento que actua- ba en sintonía con el sector conservador capitalino en pro del protectorado
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