Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III

318 Fundación del Estado-nación había que aplicarles el condigno castigo»; sin embargo, cuando la orden de arresto fue emitida, es fama que Francisco del Rosario Sánchez, acaso temien- do que en un exceso del uso de la fuerza alguien hubiese resultado lesionado físicamente, alertó a sus antiguos compañeros de gobierno para que tomaran medidas de precaución. En ese sentido, el historiador García consignó que «sea que los términos inconvenientes en que el comandante de las armas le habló a la tropa, causaran mala impresión al general Sánchez, que no había deseado ir tan lejos, según cuenta la tradición, o que con la tardanza en ejecu- tar lo resuelto diera tiempo a que […] los comprometidos [se enteraran del] peligro que corrían, es lo cierto que cuando el capitán Rafael Rodríguez salió a la cabeza de una escolta de soldados en busca de ellos, ya Tomás Bobadilla y el doctor Caminero se habían ocultado, y estaban asilados en el consulado francés». Asimismo, buscaron y obtuvieron asilo en la casa de Saint-Denis otros ciudadanos «acusados de complicidad en las maquinaciones que se tramaban contra la soberanía nacional», como Buenaventura Báez, Manuel Joaquín del Monte y su hermano Joaquín. 69 Desperdiciada la valiosa oportunidad de asestar un golpe fulminante al grupo conservador, quedaba pendiente resolver otro asunto no menos impor- tante: la cuestión de la hegemonía militar del joven Estado. La nueva Junta había designado a Duarte en la posición de comandante de la plaza militar de Santo Domingo, que era la principal guarnición militar del país, oportunidad que el patricio aprovechó para conferenciar con José Joaquín Puello y con RWURV PLOLWDUHV DGHSWRV D OD FDXVD OLEHUDO FRQ HO ÀQ GH WRPDU XQD GHFLVLyQ respecto del general Pedro Santana, brazo militar de los afrancesados y cuya destitución como jefe del ejército expedicionario del Sur era impostergable. (Q HVRV PRPHQWRV 6DQWDQD \D HMHUFtD XQD SRGHURVD LQÁXHQFLD HQ HO HMpUFLWR que dirigía, hasta el punto de que los soldados bajo su mando lo conside- raban un caudillo insustituible, con características casi mesiánicas. A pesar de que con anterioridad al FRXS G(WDW del 9 de junio, el rudo hatero seibano, alegando motivos de salud, había solicitado ser relevado de su cargo al frente del Ejército del Sur, tal eventualidad nunca se produjo en virtud de que «el ejército era, en rigor, un ejército personal compuesto por peones de los hatos de sus amigos, compadres y familiares y, ciertamente, él no estaba dispuesto a dejarse despojar del mando para entregarlo a Duarte y a los trinitarios, ni tampoco estaban los soldados de Santana en ánimo de quedarse sin su jefe, a quien los ligaban lazos personales mucho más fuertes que el nuevo mando militar que se les trataba de imponer». 70 El audaz golpe de Estado trinitario, el cual Saint-Denis consideró que «en apariencia estaba dirigido contra Francia», fue un hecho político que por

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