Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III

312 Fundación del Estado-nación de actitud también obedeció a una crisis política en el seno de la clase diri- gente haitiana que no auguraba una salida airosa para el presidente Hérard, DFDPSDGR HQ $]XD D OD HVSHUD GH UHIXHU]RV 0LHQWUDV ORV FRQÁLFWRV LQWHUQRV de Haití hacían que su élite política y militar olvidara temporalmente sus pre- tensiones de mantener a los dominicanos sometidos a lo que ellos llamaban «la unidad nacional», en Santo Domingo, por el contrario, las contradicciones entre trinitarios y conservadores también se habían relegado a un plano se- cundario por virtud de la guerra. Tales contradicciones, empero, no tardaron en resurgir esta vez con un ingrediente hasta entonces desconocido: que las diferencias entre liberales y conservadores trascendieron el ámbito de lo polí- tico y se manifestaron en el terreno de la praxis. Si bien el triunfo dominicano en Santiago, al decir de García, contribuyó a levantar la moral del pueblo «reviviendo en las masas el entusiasmo que tanto VH KDEtD GHELOLWDGR FRQ OD LQMXVWLÀFDEOH UHWLUDGD GHO HMpUFLWR GHO VXG D %DQt«ª HQ HO PHV GH DEULO VH UHDQXGDURQ ODV JHVWLRQHV FRQ HO ÀQ GH DFHOHUDU XQ FRQ - venio con Francia. El mismo día en que una columna haitiana fue derrotada HQ (O 0HPLVR HO GH DEULO HQ HO SXHUWR GH 7RUWXJXHUR VH HVFHQLÀFy HO SUL - mer combate naval de la guerra domínico-haitiana, en el cual las unidades criollas se impusieron sin mayores inconvenientes. Hérard entonces decidió abandonar la villa de Azua, no sin antes ordenar que fuera incendiada. ¿Qué obligó al presidente haitiano a levantar el sitio de Azua, ya que nunca fue hostigado por las tropas de Santana? La razón de ese proceder tenía un origen mayormente haitiano: Hérard había recibido noticias sobre el estallido de por lo menos dos rebeliones contra su gobierno, tanto en el norte como en el sur, \ HVD FLUFXQVWDQFLD IXH VXÀFLHQWH SDUD GHFLGLU UHWLUDUVH GLVSXHVWR D HQIUHQWDU a los sediciosos que conspiraban contra su gobierno; pero en el trayecto a Puerto Príncipe, el movimiento opositor logró dominar la situación y Hérard, ya destituido, no tuvo otro camino que exiliarse en Jamaica. 60 Con todo, los afrancesados arreciaron sus negociaciones proditorias ante los representantes de Francia en el país. Los nacionalistas debieron enterarse de una comunicación que Santana le escribió a Bobadilla, en la que, entre RWUDV FRVDV DÀUPDED ©HVWR\ DVHJXUDGR GH TXH HQ ODV IXHU]DV TXH ORV VLJXHQ D los haitianos) hay una multitud de españoles, (es decir dominicanos); y pose- sionados ellos de seis pueblos españoles, nos harán la guerra con los nuestros y a nuestras expensas, en tanto que nosotros nos arruinamos, con nuestros trabajos todos paralizados y con la fatiga de un arte tan penoso como el de la guerra y al que los nuestros no están acostumbrados; y así es que, a mi modo de pensar, inter más dura la lucha, más incierta tenemos la victoria […]. Si como hemos convenido y hablado tantas veces, no nos proporcionamos un

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