Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III

308 Fundación del Estado-nación Ante la insistencia de Santana para permanecer inactivo, a la espera de cualquier acción ofensiva de los haitianos, Duarte se jugó una carta más au- daz y solicitó permiso a la Junta Central Gubernativa para actuar solo, por su cuenta, pero parece ser que el joven revolucionario no era del todo consciente de que en el seno del gobierno se había operado un cambio desfavorable al partido trinitario y ya el elemento conservador, que obraba de acuerdo con las directrices del cónsul francés Saint-Denis, había decidido respaldar la po- sición del general Santana, de manera que su solicitud fue declinada y, en cambio, recibió instrucciones para que regresara cuanto antes a la capital, en donde sus servicios eran supuestamente mucho más necesarios que en el Sur. Un examen retrospectivo de aquellos sucesos revela que una de las prin- cipales causas de las contradicciones irreconciliables entre Duarte y Santana, tuvo su origen en la disputa sostenida entre ambos en torno de si procedía o no atacar a los haitianos acantonados en Azua, además de que la disposición GH OD -XQWD QRPEUDQGR XQ VHJXQGR RÀFLDO GH DOWR UDQJR SDUD FRPSDUWLU HO mando con Santana debió haber herido el orgullo del Jefe del Ejército del Sur, acostumbrado, como estaba, a mandar a los peones de su hato (que dicho sea de paso conformaban gran parte de su ejército particular) sin que nadie inter- ÀULHUD FRQ VX YROXQWDG QL FRQ VXV GHFLVLRQHV TXH pO FRQVLGHUDED LQDSHODEOHV Mientras tanto, en Santiago la población también se había visto compeli- GD D SUHSDUDUVH SDUD VX GHIHQVD \D TXH VH GLVSRQtD GH QRWLFLDV ÀGHGLJQDV HQ el sentido de que una numerosa escuadra, al mando del general Louis Pierrot, marchaba en dirección a ese pueblo. Allí, el choque entre los dos ejércitos tuvo lugar el 30 de marzo y tras varias horas de intenso combate los santiagueses ÀQDOPHQWH ORJUDURQ LPSRQHUVH \ GHUURWDU D ODV IXHU]DV LQYDVRUDV Poco después del cese de fuego y cuando los invasores se encontraban recogiendo sus bajas, hábilmente los estrategas dominicanos informaron al general Pierrot de la derrota sufrida en Azua por las tropas que comandaba el presidente Hérard. Es más, la parte dominicana recurrió a un ardid que tuvo efectos muy positivos consistente en mostrarle a Pierrot una hoja impresa en Santo Domingo dando cuenta de que Hérard había perdido la vida en comba- WH \ TXH LJXDO VXHUWH KDEtDQ FRUULGR RWURV DOWRV RÀFLDOHV GH VX (VWDGR 0D\RU /D QRWLFLD SURGXMR FLHUWR GHVFRQFLHUWR HQWUH OD RÀFLDOLGDG TXH DFRPSDxDED a Pierrot, pero en el caso de este último, la idea que de inmediato ocupó su pensamiento fue la de regresar a Puerto Príncipe para aprovechar la coyun- tura política y de esa manera alzarse con la presidencia de Haití. Pierrot y VXV SULQFLSDOHV RÀFLDOHV QR OR SHQVDURQ GRV YHFHV \ GHFLGLHURQ UHWLUDUVH HQ forma apresurada. A lo largo de su hégira hacia Haití, fueron hostigados por la acción combinada de tropas dirigidas por los generales Mella y Villanueva.

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