Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III
Historia general del pueblo dominicano 303 HVWDGR VREHUDQR FX\RV SULQFLSLRV HVWiQ FRQVDJUDGRV HQ HO 0DQLÀHVWR GH TXH acompañamos a usted dos ejemplares». 52 El intercambio de comunicaciones entre los gobiernos dominicano y hai- tiano no tuvo los efectos deseados y equivalió a arar en el mar. El presidente Hérard, como era de esperarse, respondió con acciones concretas: ordenó que un imponente ejército, encabezado personalmente por él mismo, se dirigiera a la parte del Este con el propósito de someter a la obediencia a los sediciosos «hispano-haitianos». Mientras sucedían esos aprestos militares, Hérard envió XQD FRPXQLFDFLyQ D XQR GH VXV FRPDQGDQWHV HQ OD TXH SXVR GH PDQLÀHV - to la actitud nada conciliadora del Gobierno haitiano respecto del pueblo dominicano: Han osado esos infames energúmenos, esos impostores insensatos, esos parricidas hijos de Haití, enviarme con una carta en su apoyo FLHUWR PDQLÀHVWR FX\RV DJUDYLRV VREUH ORV FXDOHV VH KDQ DSR\DGR para ejecutar esta revolución, no son más que la obra de la mentira \ OD SHUÀGLD 53 Según la perspectiva haitiana, los dominicanos se habían rebelado contra la República de Haití, atentando así, con esa acción insensata, contra la armo- nía del Estado haitiano y contra el principio imperial de la indivisibilidad de la isla. Para la élite político-militar haitiana, pues, devino perentorio someter al orden a los dominicanos (a quienes consideraban unos revoltosos y sedicio- sos), cosa que se propusieron llevar a cabo al frente de un numeroso ejército HO FXDO GHELy DYDQ]DU SRU GRV ÁDQFRV KDFLD HO FHQWUR SROtWLFR GH OD 5HS~EOLFD Dominicana, que era la ciudad de Santo Domingo. Mientras la noticia de la invasión haitiana llegaba a oídos de los dominica- nos, afrancesados y trinitarios —cada uno por separado— se encontraban muy DFWLYRV KDFLHQGR VXV DFXHUGRV FRQ HO ÀQ GH FRQTXLVWDU PD\RU HVSDFLR SROtWLFR en el seno de la Junta Central Gubernativa; amarres que, sin duda, determi- narían el derrotero de la política doméstica y exterior de la República. Ambos sectores obraron de manera simultánea y, aun cuando cada uno perseguía obje- tivos diametralmente opuestos, es evidente que de manera transitoria aunaron esfuerzos y voluntades para repeler las agresiones armadas del vecino Estado. El ala nacionalista de la Junta Central Gubernativa logró, por un lado, que el trinitario Juan Nepomuceno Ravelo fuera designado en comisión para viajar a Curazao en busca de Duarte. Para tal efecto, se envió la goleta La Leonor FDSLWDQHDGD SRU -XDQ $OHMDQGUR $FRVWD FRQ HO ÀQ GH TXH HO OtGHU GHO movimiento independentista, quien se encontraba en el exilio, regresara al
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