Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III

296 Fundación del Estado-nación y dominicana», el texto también subrayó el hecho de que «veintidós años ha que el Pueblo dominicano, por una de aquellas fatalidades de la suerte, está sufriendo la opresión más ignominiosa […] hasta el extremo de haber sido privado de casi todos sus derechos». Según la Manifestación del 16 de enero, cuando los haitianos decidieron de manera unilateral unir las dos comunidades que habitaban la isla, con HOORV HQWUDURQ D 6DQWR 'RPLQJR ©/RV GHVyUGHQHV \ ORV YLFLRV OD SHUÀGLD OD división, la calumnia, la violencia, la delación, la usurpación, el odio y las personalidades, hasta entonces poco comunes en estos inocentes pueblos. Sus decretos y disposiciones, fueron el principio de la discordia y la señal de la destrucción. Por medio de un sistema desorganizador y maquiavélico, obligó a que emigrasen las principales y más ricas familias y con ellas el talento, las riquezas, el comercio y la agricultura; alejó de su consejo y de los principales empleos a los hombres que hubieran podido representar los derechos de sus conciudadanos, pedir el remedio de los animales y manifestar las verdade- ras exigencias de la Patria. En desprecio de todos los principios del derecho público y de gentes, redujo a muchas familias a la indigencia, quitándoles sus propiedades para reunirlas a los dominios de la República, y donarlos a ORV LQGLYLGXRV GH OD SDUWH RFFLGHQWDO R YHQGpUVHORV D PX\ tQÀPRV SUHFLRV Asoló los campos, destruyó la agricultura y el comercio, despojó las iglesias de sus riquezas, atropelló y ajó con vilipendio a los ministros de la religión, les quitó sus rentas y derechos, y por su abandono dejó caer en total ruina los HGLÀFLRV S~EOLFRV SDUD TXH VXV PDQGDWDULRV DSURYHFKDVHQ ORV GHVSRMRV \ TXH así saciasen la codicia que consigo traían de Occidente». (O 0DQLÀHVWR WDPELpQ VH GHVFULEHQ ODV WULEXODFLRQHV SDGHFLGDV SRU ORV GR - minicanos, a quienes el Gobierno haitiano «trató peor que a un pueblo conquis- WDGR D OD IXHU]Dª GHELGR D TXH ©OHV H[SULPLy HO MXJR VDFDQGR FXDQWR EHQHÀFLR pudo […]; hizo esclavos en nombre de la libertad; les obligó a pagar una deuda que no habían contraído […]; y contra todo derecho natural privándonos hasta de lo único que nos quedaba de españoles: el idioma natal, y arrimando a un lado nuestra augusta religión para que desaparezca de entre nosotros». Por todo cuanto antecede, los dominicanos no tardaron en convencerse de que era imposible una perfecta unión y armonía entre ambos pueblos en el marco de la dominación, de modo que luego de «veintidós años de agrega- ción a la República Haitiana [los dominicanos] no han podido sacar ninguna ventaja, antes por el contrario se han arruinado, se han degradado y han sido tratados del modo más bajo y abyecto, han resuelto a su seguridad y conservación, constituyéndose bajo sus antiguos límites, en un Estado libre y soberano». 44

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