Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III

Historia general del pueblo dominicano 289 Duarte —quien formaba parte de la Junta Popular de Santo Domingo— la responsabilidad de instalar y regularizar similares juntas populares en los pueblos del este, «oportunidad que aprovechó el caudillo sagaz para poner en actividad todos los elementos que creyó favorables a la idea separatista, y entrar en relaciones con todos los hombres de valer que pudieran contribuir al triunfo de la causa nacional». 34 Al comprobar el Gobierno haitiano que los dominicanos se habían adheri- do a La Reforma con un propósito diametralmente opuesto al mantenimiento de la llamada «unión nacional», se decidió adoptar y aplicar los correctivos de lugar para impedir el triunfo de los separatistas. En junio de ese mismo año, enterados los trinitarios de que el presidente de Haití visitaría Santo Domingo con propósitos que en nada favorecían la causa independentista, Duarte esti- mó necesario precipitar los acontecimientos y proclamar la República cuanto antes. En consecuencia, instruyó a Mella para que se trasladara al Cibao a LQWHQVLÀFDU OD ODERU GH GLIXVLyQ GH ODV LGHDV GH ORV UHYROXFLRQDULRV &RQ HO ÀQ GH DSURYHFKDU HVD FR\XQWXUD IDYRUDEOH VH VDEH TXH 'XDUWH convocó una reunión «en casa de su tío don José Diez, que fue quien la pro- PRYLy FRQ HO QREOH LQWHQWR GH YHU VL SRGtD XQLÀFDUVH ODV RSLQLRQHV \ HYLWDUVH el derramamiento de sangre fratricida, con la adquisición de algunos de los elementos disidentes [...]. En esa reunión expuso Duarte, con sinceridad y franqueza, las razones que aconsejaban no perder un tiempo tan precioso, y desarrolló el plan que tenía entre manos; indicó los medios con que contaba para realizarlo; y concluyó por invitarlos a todos a cooperar al triunfo de la idea redentora. La mayoría de los presentes acogió con fe y entusiasmo sus palabras, ofreciendo seguirlo sin vacilaciones ni temores; pero no faltaron excusas, ni observaciones, nacidas de la tibieza con que la minoría recibió el atrevido proyecto...». Aunque algunos de los presentes indicaron su temor en el sentido de que los dominicanos no serían capaces de resistir la embestida de las autoridades haitianas, por lo menos se comprometieron a mantener en secreto cuanto se había discutido en la reunión. Sin embargo, agrega García, «el sagrado juramento parece que no fue respetado por todos, o que hubo quien cometiera alguna indiscreción, pues que al amanecer del día siguiente encontró Pedro de Mena abajo de la puerta de su casa, punto de reunión de los principales disidentes mientras estuvo curándose de la herida que recibió el 24 de marzo (día del combate librado en la Plaza de la Catedral entre gobier- nistas y reformistas), un manuscrito titulado La Chicharra , en que se denun- ciaba sin ambages lo que había sucedido en la reunión de la noche anterior; y como el enunciado manuscrito fue leído con interés por todos los que iban llegando, no faltó quien le hablara del asunto al delegado Auguste Brouard,

RkJQdWJsaXNoZXIy MzI0Njc3