Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III

260 Contornos iniciales del Estado dominicano Para crear su propio liderazgo y separarse de Santana, Báez buscó la alianza de sectores importantes, como la Iglesia Católica, a quien favoreció HFRQyPLFDPHQWH $ÀDQ]y VX OLGHUD]JR PLOLWDU DVFHQGLHQGR D PXFKRV RÀFLD - les y modernizando las fuerzas armadas, aportándoles mejores armamentos y trayendo instructores militares franceses. Se atrajo algunos febreristas que habían sido exiliados por Santana. Estas medidas, según Jaime de Jesús Domínguez, fortalecieron el liderazgo de Báez, quien «actuaba como la antí- tesis del Hatero del Seibo y defendía las libertades públicas como un modo de diferenciarse de Santana para así tener sus propios partidarios». 25 Estas ten- dencias liberales fueron puramente estratégicas para ganarse con éxito a los enemigos de Santana, porque realmente Buenaventura Báez fue siempre un autócrata y un conservador, quien no creía en la viabilidad de la República, como lo demostraron sus actuaciones posteriores. %iH] VH GLVWLQJXLy DGHPiV FRPR XQ SpVLPR DGPLQLVWUDGRU GH ODV ÀQDQ - zas públicas, y sus gobiernos estuvieron siempre en bancarrota. La recogida de la moneda fuerte y su sustitución por papeletas sin respaldo fue una de las causas de la revolución que lo derrocó en 1857. En ella se advierte su enfrentamiento con los grupos liberales del Cibao a quienes arruinaba con esa medida. Las frecuentes devaluaciones de la moneda nacional durante ese período tuvieron mayores efectos en las administraciones de Báez. Sus gobiernos estuvieron llenos de corrupción, empezando por él mismo. Cuenta Domínguez que: «Durante su primer gobierno, con el pretexto de que los haitianos podían apoderarse de Santo Domingo, envió cien mil pesos fuertes a los bancos de Saint Thomas. Una gran parte de dichos fondos no volvió a manos del erario dominicano. En 1853, congresistas criticaron acremente dicho envío, y solicitaron rendición de cuentas sobre los fondos, las que nunca fueron entregadas». 26 El «baecismo» no fue una ideología política ni mucho menos una pos- WXUD ÀMD 3ULPHUR IXH SURIUDQFpV OXHJR SURQRUWHDPHULFDQR %iH] DJOXWLQy D su alrededor a personas de tendencia conservadora y también anexionista quienes pensaban que la independencia dominicana no era viable. Desde el Plan Levasseur en 1843, pasando por la búsqueda de la protección francesa en 1849, hasta su política proespañola en 1852, Báez mostró su convicción de que los dominicanos no podían gobernarse por sí solos. Más aún, ya en los períodos presidenciales suyos durante la Segunda República, Báez rebosó la copa de su proteccionismo con su plan de arrendar la bahía de Samaná. Las luchas entre Báez y Santana y sus seguidores mantuvo al país en gue- rras civiles, asonadas y golpes de Estado durante toda la Primera República, donde también los dominicanos tuvieron que luchar contra las invasiones

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