Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III

Historia general del pueblo dominicano 253 no menor del 90%. Los pocos que sabían leer y escribir eran los de las peque- ñas élites urbanas. Las pocas escuelas estaban en las ciudades principales y no había instrucción pública en las áreas rurales. Con la guerra contra Haití, la militarización casi total del país aumentó aún más el control de los caciques locales sobre las masas campesinas. Pedro Santana fue dictador absoluto desde los albores de la República, creó y or- ganizó el Ejército dominicano y lo utilizó tanto para defender la soberanía nacional como para deshacerse de sus enemigos, aplastar todo intento de desalojarlo del poder y amedrentar a la población. Las libertades teóricas de la Constitución, de los Códigos Franceses y de otras leyes liberales de ese período resultaron letra muerta. La Ley de Policía Urbana y Rural del año 1846 y sus sustitutas posteriores fueron las verdaderas leyes en las aldeas y campos dominicanos de la Primera República. Esa legis- lación fue la única que conocieron y tuvieron que obedecer los campesinos dominicanos, impuesta a la fuerza por los alcaldes pedáneos, comisarios de la policía y comandantes de armas, quienes eran las verdaderas autoridades. Otro control fue el que padecieron las masas en materia religiosa. La obe- diencia a las leyes y a los gobernantes era un precepto de la Iglesia Católica, dominante en el país. A través de sus sermones y prédicas, los sacerdotes ordenaban la obediencia a las autoridades y, por lo tanto, los pobladores las cumplían escrupulosamente para evitar los castigos en la tierra y en el cielo. En las ciudades aparecían esporádicamente pequeños periódicos y hojas sueltas, que leía solamente la escasa población alfabetizada. Pocos osaban criticar a las autoridades y mucho menos a la religión establecida. La disen- sión era escasa. L AS MOVILIZACIONES FRENTE A LAS INVASIONES HAITIANAS Al grito de «Separación, Dios, Patria y Libertad» no tenían los dominica- nos un ejército con el cual enfrentar el intento haitiano de recuperar la porción Este de su República. Dos batallones de la Guardia Nacional haitiana, com- puestos de dominicanos, formaron el germen del primer ejército nacional. Tan pronto los dominicanos se dieron cuenta de que los gobernantes de Haití rechazaban tajantemente la Separación, reconocieron que tenían que defenderla por las armas, lo que implicaba la organización inmediata de un ejército que se crearía a partir de la nada.

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