Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III

250 Contornos iniciales del Estado dominicano Por el contrario, el sureño, siempre amenazado por los haitianos que pe- netraban por la frontera y destruían sus siembras y quemaban sus pueblos, quería dirigentes como él, severos y curtidos. Buenaventura Báez fue su líder, y sus generales fueron Pedro Florentino, Domingo Contreras y Francisco Sosa. A su vez, en el Este, donde predominaba el hato ganadero, cada dueño tenía a su servicio un conjunto de peones, que en dura faena recogían el ga- nado para marcarlo, matar algunos y desollarlos para curar sus cueros. Esa labor solo la podían hacer hombres rudos, de machete, pica y lanza. Fueron los que Santana, gran hatero, llevó consigo en marzo de 1844 para frenar a los haitianos en Azua, dando la primera victoria al ejército dominicano. Seguían a sus líderes naturales sin vacilación. La lucha entre liberales y conservadores, existente desde el primer mo- mento de la República, tenía mucho que ver con la formación de sus líderes. Se creó así una cultura conservadora en las regiones Sur y Este. Los primeros ejércitos dominicanos se formaron casi siempre de estos hombres, traídos por sus dirigentes, hechos generales y coroneles en plena batalla. Los jefes sabían mandar y los soldados sabían obedecer. Por otro lado, siendo el Cibao la fuente más importante de los ingresos del Estado, por la exportación de tabaco, sus prohombres creían tener dere- cho a participar en la cosa pública. Por eso los comerciantes y hacendados FLEDHxRV WXPEDURQ D %iH] SRU OD FULVLV HFRQyPLFD \ ÀQDQFLHUD TXH pO FUHy HQ 1857, pero faltos de líder militar tuvieron que recurrir a Pedro Santana para el triunfo de su revolución. A TISBOS DE REGIONALISMO La Constitución del 1844 estableció cinco provincias para el país y a cada una de ellas se la dotó de una Diputación Provincial, al modelo de las Diputaciones Provinciales de la última etapa española (1810-1821) y su creación bajo la Constitución de Cádiz. Ese ejemplo llevó al primer consti- tuyente dominicano a establecerlas en el país. Salvo las diputaciones de las provincias de Santo Domingo y Santiago, las demás casi no funcionaron y las quejas del Tribunado eran que no sometían sus informes ni rendían cuenta de actividades. La ya mencionada división en tres regiones en esos años se debía, además, a la falta de comunicación entre ellas. Sin caminos ni puentes, cada región

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