Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III

Historia general del pueblo dominicano 237 El establecimiento de los tres clásicos «poderes» fue uno de los pilares del nuevo régimen político que los dominicanos se dieron al instalar su primer gobierno. El Poder Legislativo quedó compuesto de dos cámaras, el Ejecutivo en manos de un presidente de la República y el Poder Judicial a cargo de tribunales encabezados por una Suprema Corte de Justicia. Es muy interesante conocer el informe de la comisión redactora de la Constitución de San Cristóbal. Este documento sometido a la constituyente el 22 de octubre de 1844 por cinco asambleístas revela muy claramente cómo veían esos delegados la situación del país y los problemas que enfrentaba para darse su primera Constitución. Uno de los párrafos de ese informe dice: 0XFKDV \ JUDQGHV GLÀFXOWDGHV SUHVHQWD VLHPSUH QR OD IRUPDFLyQ de un Código a que se dé el nombre de carta o pacto constitucio- nal, sino el hecho de acomodar a las circunstancias particulares de cada pueblo, las cláusulas del contrato social que labra la felicidad o la ruina de un Estado; esto se evidencia muy particularmente en las circunstancias actuales, pudiendo asegurarse sin exageración, que pocas veces se habrá presentado el ejemplo de un pueblo que ofrezca más embarazos para constituirlo, que el dominicano. La razón se alcanza fácilmente, porque abandonado desde su infan- cia a los caprichos del instinto, sin dirección política, sin voz en su administración, que por un abusivo privilegio se había adjudicado exclusivamente a los hijos de la península Española, proclamó su independencia sin haber recibido por medio de la educación aquel JUDGR GH PDGXUH] TXH VH UHTXLHUH SDUD TXH HO EHQHÀFLR GH OD OLEHU - tad no se convierta en peligrosa licencia, o que por no saber reportar de esa misma libertad todo el fruto que es capaz de producir en los pueblos ilustrados, se caiga en el desmayo y postración, que es el principal elemento de todos los gobiernos tiránicos. De esta inex- periencia de los dominicanos se prevalió el gobierno de Occidente, para echarnos dolosamente al cuello su ominoso yugo: nos brindó su alianza, nos fascinó con el brillante oropel de una aparente libertad, y cuando desalentados e inermes nos sometimos a la mano irresistible del destino, que a tal extremo nos condujera, arrojó la máscara con TXH RFXOWDUD VXV SpUÀGRV GHVLJQLRV UHGREOy ODV FDGHQDV GH QXHVWUD ignominia, y atados al carro de su escandaloso triunfo, nos ofreció vilipendiados a la expectación del orbe. Veinte y dos años de oprobio y servidumbre fueron los precursores necesarios de la aurora feliz de nuestra completa regeneración, y por una de esas maravillosas

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