Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III
214 /D HFRQRPtD \ OD YLGD FDPSHVLQD ÀQHV GHO VLJOR XVIII -c1870) en 1795 España cedió a Francia su parte de la isla. Este suceso implicó que Santo Domingo entrara de lleno a las disputas y las guerras que se derivaron de la Revolución en Saint-Domingue; también conllevó un debilitamiento aun mayor del poder estatal en la parte occidental de la isla. Posteriormente, en 1808, se restableció la soberanía española, si bien el poder efectivo de la metrópoli era casi nulo, tanto por los sucesos que habían ocurrido en la Española desde 1791 como debido a los problemas políticos que sufrió España a raíz de la invasión napoleónica, entre ellas la sublevación en con- tra de los franceses y el inicio de los movimientos independentistas en sus colonias de América. Por lo tanto, entre 1808 y 1821 el poder efectivo en Santo Domingo recayó sobre ciertos grupos criollos, razón por la cual esa época se conoce como el período de la «España Boba». Precisamente, un PRYLPLHQWR FULROOR GLULJLGR SRU -RVp 1~xH] GH &iFHUHV SURFODPy D ÀQHV GH 1821, el Estado Independiente de Haití Español, el que pretendía incorpo- rarse a la Gran Colombia. Pero tal proyecto abortó debido a la ocupación de Santo Domingo por fuerzas haitianas a principios del año 1822, que inició la Dominación Haitiana hasta 1844. Como era de esperarse, el régimen haitiano tuvo profundas repercusio- nes económicas y sociales sobre Santo Domingo. Entre otras cosas, el presi- dente haitiano Jean-Pierre Boyer proclamó la abolición de la esclavitud en Santo Domingo en febrero de 1822. De hecho, ya en 1801 la abolición había sido decretada por Toussaint Louverture, pero la esclavitud fue restablecida por los ejércitos franceses que ocuparon la isla al año siguiente. Así que la abolición de 1822, una de las primeras medidas del régimen haitiano en Santo Domingo, posibilitó que miles de esclavos se convirtieran en libertos; no pocos de ellos terminaron convirtiéndose en campesinos. Ese proceso de campesinización fue alentado por las medidas económicas y sociales de Boyer, cuya política agraria en Santo Domingo —al menos inicialmente— se basó en la distribución de tierras entre los campesinos y los libertos, así como en la promoción de la agricultura de pequeña escala. 81 Tales medidas reforzaron el proceso de «larga duración», de carácter fundamentalmente espontáneo, que había forjado un campesinado en suelo dominicano. No era esta, por cierto, la primera vez que medidas estatales contribuían a fortale- cer la propiedad y la economía campesinas de Santo Domingo. En el siglo XVIII , en el contexto de las reformas borbónicas, el Estado colonial trató de regularizar la propiedad de la tierra en Santo Domingo ya que gran parte de ella era ocupada, poseída y explotada de manera ilegal. Por ello, se trató de que quienes ocupaban tierras de la Corona o que explotaban tierras que no les pertenecían, normalizaran su situación mediante el recurso legal de
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