Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III

208 /D HFRQRPtD \ OD YLGD FDPSHVLQD ÀQHV GHO VLJOR XVIII -c1870) HVWDFLRQDOPHQWH (O FLFOR SURGXFWLYR VH LQLFLDED KDFLD OD SDUWH ÀQDO GHO DxR luego de la temporada de lluvias, lo que humedecía el terreno y favorecía la siembra del tabaco. En unos pocos meses, hacia febrero o marzo, se realizaba la cosecha, lo que implicaba no solo recoger las hojas sino, además, su secado en los ranchos de tabaco y, posteriormente, su enseronamiento —que impli- caba hacer fardos de tabaco con serones hechos de hoja de palma—. Luego el tabaco era acopiado por los comerciantes, cuya sede principal era la ciudad de Santiago, de donde era dirigido a los mercados. Terminada la cosecha de tabaco, los campesinos solían sembrar productos de subsistencia, por ejem- plo, maíz. 70 La rotación de cultivos, que históricamente ha constituido una de las principales estrategias de supervivencia de los sectores campesinos, fue posible entre los agricultores dominicanos gracias a la brevedad del ciclo pro- ductivo del tabaco. Por tal razón, este se adapta perfectamente a la economía campesina, que se basa en maximizar las alternativas de supervivencia; una de las tácticas de los campesinos para lograrlo estriba en la combinación de cultivos, ya sea rotándolos o intercalándolos. Amén de esto, los campesinos podían sembrar una cantidad mayor o menor de tabaco acorde con las condi- ciones del mercado: si existían condiciones que los favorecían —por ejemplo, precios altos—, pues sembraban más tabaco; si, por el contrario, se enfrenta- ban a circunstancias desfavorables, optaban por cultivar menos tabaco o, en casos extremos, a no sembrarlo hasta que mejorara el panorama económico. Durante las primeras décadas del siglo XIX , entre los campesinos domini- canos el cultivo de tabaco continuó siendo una actividad subsidiaria; formó parte de su economía ya que se adaptaba a sus hábitos tradicionales. Aunque los campesinos dominicanos laboraban con herramientas simples —su prin- cipal, y con frecuencia único, instrumento de trabajo era el machete— y su preparación de las tierras y de los sembradíos era rudimentaria, el tabaco criollo, que era la variante cultivada por ellos, era una planta resistente cuyo cultivo no requería ni grandes inversiones ni una gran cantidad de mano de obra. El trabajo de siembra, recolección de las hojas, enmanillado, seca- do y enseronado solía ser efectuado por las mismas familias campesinas, quizás con algún peón ocasional o, cuando se requerían más trabajadores, recurriendo a las «juntas», que eran grupos de vecinos que ofrecían trabajo gratuito que luego debía ser reciprocado. Además, las condiciones ecológicas del Cibao —especialmente las del triángulo constituido por las comunes de Santiago, La Vega y Moca— resultaban muy apropiadas para sembrar tabaco en combinación con cultivos de subsistencia. En dicha zona, los suelos y el patrón de lluvias eran convenientes para la siembra de aquellos víveres que constituían la base de la dieta campesina y también favorecían el cultivo del

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