Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III
Historia general del pueblo dominicano 207 La Real Compañía de Tabacos contribuyó igualmente a la venta de la hoja dominicana y, en consecuencia, al surgimiento de redes de comercializa- ción que vinculaban a los cosecheros con el mundo exterior. Aprovechando el incipiente auge del cultivo de tabaco en Santo Domingo, la Corona española, en los años sesenta del siglo XVIII , tomó medidas para aumentar su exporta- ción a las Reales Fábricas de Tabaco en Sevilla. Entre otras cosas, se abrió una factoría de tabacos en Santiago para que hiciera acopio de la producción local; a partir de 1770 se inició la exportación regular de tabaco dominicano a España. No obstante, desde sus inicios el proyecto confrontó problemas. Por un lado, la calidad de las hojas dejaba mucho que desear, razón por la cual buena parte del tabaco cultivado era rechazado por la factoría. Esto causó desazón entre los cosecheros, quienes se sentían defraudados, tanto por el repudio a su producto como por los bajos precios que recibían por él. En aña- didura, el transporte del tabaco desde los campos cibaeños hasta los puertos de embarque a España resultaba difícil, lento y costoso. Para colmo de males, la factoría de tabacos de Santiago fue administrada por funcionarios venales que usaron sus cargos para extorsionar a los cosecheros y lucrarse a costa de ellos. Esto hizo que, pese a que estuvo en operaciones entre 1770 y 1796, el suministro de tabaco dominicano a las Reales Fábricas fuese insatisfactorio. En ese lapso de tiempo se realizaron solo 23 embarques, con un promedio anual de 5,410 arrobas (135,250 libras) de tabaco, que era menos de la mitad de la cuota asignada a Santo Domingo. Con todo, ese comercio complemen- taba las ventas a Saint-Domingue, que siguió siendo el principal mercado del producto dominicano, por lo que también contribuyó a arraigar la economía del tabaco en el valle del Cibao. 69 Tal como sucedió con el comercio de ganado, la venta de tabaco do- minicano a Saint-Domingue mermó con la revolución de los esclavos que estalló en 1791. No obstante, hubo dos factores que impidieron el colapso de la producción tabacalera y la consecuente desarticulación de la economía FDPSHVLQD D HOOD YLQFXODGD (Q SULPHU OXJDU OD ÁH[LELOLGDG SURGXFWLYD GHO campesinado cibaeño, que combinaba en sus parcelas el tabaco —es decir, un producto comercial— con cultivos de subsistencia. De hecho, para el campesi- QR FLEDHxR GH ÀQHV GH VLJOR XVIII y de la primera parte del siglo XIX el tabaco era XQR GH GLYHUVRV SURGXFWRV HVWDFLRQDOHV TXH FXOWLYDEDQ HQ VXV ÀQFDV 7RGDYtD en el siglo XX era común que los cosecheros sembraran en sus predios pláta- no, yuca y maíz, entre otros cultivos, en combinación con el tabaco. Los más afortunados, por poseer más tierras, podían tener parte de ellas sembradas con cultivos de subsistencia junto a otros campos dedicados al tabaco. Por su parte, los campesinos que no tenían tanta tierra solían sembrar el tabaco
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