Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III

204 /D HFRQRPtD \ OD YLGD FDPSHVLQD ÀQHV GHO VLJOR XVIII -c1870) ingresos. Esto muestra que, como han planteado varios investigadores, el hato generó relaciones patriarcales que fueron muy perdurables a lo largo del tiempo. Así, cuando Samuel Hazard recorrió la República Dominicana a principios de la década de los setenta del siglo XIX , su descripción de la vida de ORV KDWHURV QR VH GLIHUHQFLy VLJQLÀFDWLYDPHQWH GH ODV TXH KDEtDQ HIHFWXDGR ORV YLDMHURV TXH FRQRFLHURQ HO SDtV KDFLD ÀQHV GH OD FHQWXULD DQWHULRU 58 Por supuesto, esto no implica que los hatos y la economía hatera no su- frieran transformaciones en ese largo período de tiempo. Al contrario, fue esa una época de mutaciones importantes en la economía ganadera de Santo Domingo/República Dominicana. Uno de los factores que provocó cambios PiV VLJQLÀFDWLYRV HQ HOOD IXH OD 5HYROXFLyQ KDLWLDQD \ VXV VHFXHODV HQ OD LVOD Española. Para empezar, la destrucción de la economía de plantación de Saint- Domingue provocó el derrumbe del principal mercado de reses del Santo Domingo español. Por lo tanto, luego de que estalló la rebelión de los esclavos disminuyó de forma dramática la venta de ganado en la colonia francesa. La VHFXHOD GH JXHUUDV \ FRQÁLFWRV DUPDGRV WXYR WDPELpQ HIHFWRV GHYDVWDGRUHV sobre las manadas de reses y sobre los hatos. El ganado fue diezmado por los diferentes bandos en pugna, lo que provocó que en las regiones que an- teriormente se habían destacado por sus ventas de reses a Saint-Domingue la economía hatera entrara en una severa crisis. Ello fue así sobre todo en la región fronteriza y en el Cibao, que habían sido las principales suplidoras de ganado a Saint-Domingue. El resultado de todo esto fue, en primer lugar, un descenso notable en el número de cabezas de ganado en Santo Domingo —si bien contabilizar esa disminución resulta imposible—, y, en segundo lugar, XQD UHGHÀQLFLyQ GH OD JHRJUDItD GH OD HFRQRPtD KDWHUD (Q HIHFWR PLHQWUDV que la ganadería y el hato perdieron relevancia en la frontera y en el Cibao, adquirieron mayor importancia en las grandes planicies del Este dominicano. De hecho, esta región se convirtió en el siglo XIX en la zona hatera y ganadera por excelencia, posición que mantuvo hasta el siglo XX . 59 Habiendo desaparecido Saint-Domingue como comprador del ganado dominicano, su venta se limitó «a un mercado local de carne y de animales para la explotación forestal, el accionamiento de los molinos de azúcar y el transporte de las mercancías en general». 60 Igualmente, hubo años en que se exportaron pequeñas cantidades de reses vivas a las Antillas británicas y ho- landesas, así como a Cuba, amén de algunos derivados del ganado, como cue- URV \ VHER (PSHUR HVDV YHQWDV IXHURQ GH SRFD PRQWD QR JHQHUDURQ XQ ÁXMR sistemático y sus aportaciones al comercio exterior fueron extremadamente bajas. Así, en 1856 el ganado en pie constituyó apenas un 0.1% del valor total de las exportaciones dominicanas y los derivados del ganado alcanzaron un

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