Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III

198 /D HFRQRPtD \ OD YLGD FDPSHVLQD ÀQHV GHO VLJOR XVIII -c1870) En este pasaje se evidencian también las tribulaciones de los grupos de poder respecto de la «plebe rural», que vivía autónomamente diseminada en los campos. Uno de los elementos más destacados de esas inquietudes radi- caba en la supuesta holgazanería de la población campestre. Desde la óptica de los sectores dominantes, la población rural vivía en un estado primigenio, caracterizado por su improductividad, razón por la cual desdeñaban sus acti- vidades de supervivencia, concebidas como producto de la vagancia. De esa desidia, se alegaba entonces, se derivaba el «atraso de la agricultura» domini- cana. 49 Asimismo, se repudiaba la tendencia de los habitantes del campo a la autarquía y al trueque de bienes. Como se sabe, uno de los criterios utilizados en la época para determinar el grado de civilización de los pueblos era su par- ticipación en el comercio, sobre todo en el de larga distancia. Por lo tanto, el uso de la moneda, imprescindible en tales intercambios, se conceptuaba como un indicador de civilización. En el caso dominicano, era poco el comercio que se efectuaba debido a que la mayoría de la población producía básicamente lo mismo, por lo que el uso de la moneda, como muestra el pasaje citado, era irrisorio. Esto abonaba a la imagen de autarquía y primitivismo de las masas rurales, a lo que se sumaba su alegada carencia de sentido acerca del orden social y político. Una de las manifestaciones concretas de su desapego a la autoridad y a la vida civilizada radicaba en los hurtos y las depredaciones que cometían los habitantes del campo. Así, los libertos, se alegaba, solían «arren- dar un pedazo de terreno», si bien «para pagar el arrendamiento y mante- nerse, destruyen con sus robos las haciendas vecinas, aniquilan sus ganados y causan mil otros prejuicios [ sic ], sin que sea fácil el remedio». 50 Ante tal panorama, las clases dominantes y el Estado trataron de establecer diversos esquemas de control sobre las amplias masas rurales, tanto con la intención GH XVDUODV FRPR PDQR GH REUD FRPR FRQ HO ÀQ GH JDUDQWL]DU HO RUGHQ VRFLDO No obstante, la mayoría de tales esquemas tuvieron escasos resultados debi- do, por un lado, a lo ingente de esa tarea y, por el otro, a la relativa debilidad del Estado, razón por la cual en amplios sectores del territorio dominicano este era virtualmente inexistente. A ello habría que añadir las acciones de las masas rurales, las que intentaron mantener su autonomía, con frecuencia in- ternándose en lugares remotos de difícil acceso. &RPR VH SXHGH FROHJLU HQ HO 6DQWR 'RPLQJR GH ÀQHV GHO VLJOR XVIII y las primeras décadas de la siguiente centuria los «campesinos arcaicos» cons- tituían la gran mayoría de la población. Y a pesar de que resulta imposible FXDQWLÀFDU VX PDJQLWXG VX XELFXD SUHVHQFLD HQ HO WHUULWRULR GRPLQLFDQR GHÀQtD ORV UDVJRV SULQFLSDOHV GHO PXQGR UXUDO 'H KHFKR FRPR WLSR VRFLDO continuaron teniendo una presencia muy palpable hasta bien entrado el

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