Historia General del Pueblo Dominicano Tomo III
188 /D HFRQRPtD \ OD YLGD FDPSHVLQD ÀQHV GHO VLJOR XVIII -c1870) o recurriendo a la fuga, el cimarronaje o a alguna otra forma de resistencia. Otros salieron del país como resultado de la emigración de sus amos, quienes los habrían llevado consigo debido a que los esclavos constituían una propie- dad valiosa. 31 De una u otra forma, las actividades agrícolas que dependían de la mano de obra esclava —sobre todo la incipiente producción azucarera— vieron mermar considerablemente su fuerza laboral, de por sí muy escasa. Asimismo, al quedar abandonadas las propiedades agrícolas, seguramente los trapiches, los almacenes, las herramientas de trabajo y los equipos se de- terioraron, y los campos y los sembradíos de caña vinieron a menos. Por otro lado, el descenso poblacional contrajo aún más el raquítico mercado interno. El número de habitantes en los poblados, irrisorio de por sí, debió alcanzar entonces niveles particularmente bajos, lo que redujo la demanda de bienes provenientes de las áreas rurales circundantes. Aunque hay una abismal ausencia de datos cuantitativos que permitan medir el desplome de la economía en esos años, los testimonios de la época no dejan duda alguna de que las pocas actividades agrocomerciales que existían en Santo Domingo se redujeron al mínimo entre la última década del siglo XVIII y la primera del XIX . Por ejemplo, el comisario del Gobierno francés en Santo Domingo, Antonio Chanlatte, en su exposición sobre el estado de la FRORQLD HQ DÀUPy Casi toda la Parte Española está inculta, a excepción de algunas factorías inmediatas a la Capital y a la Ciudad de Santiago. En las primeras hay azúcar, café y cacao, sin formar ramo de comercio por- que su producción es igual a su consumo. Santiago producirá anual- mente unos 20,000 pesos en tabaco en hoja. En todo el resto del país hay hatos para cría de ganado, principalmente vacuno y caballar. 32 /D VLWXDFLyQ GHPRJUiÀFD FRQFRUGDED FRQ HO HVWDGR GH OD HFRQRPtD +DFLD 1806, a pesar de que se alegaba que «diariamente» regresaban a la isla las familias que habían emigrado «a los países vecinos» huyendo de las turbu- lencias provocadas por la revolución y las guerras, la población seguía siendo extremadamente baja, llegando a estimarse en unos 50,000 habitantes, de los FXDOHV VH DÀUPDED TXH XQRV HV GHFLU XQD TXLQWD SDUWH HUDQ HVFODYRV 33 Con todo, hay indicios de que la población comenzó a recuperarse durante la segunda década de la centuria decimonónica. Según los estimados de Roberto Marte —quien ha realizado esfuerzos sistemáticos y rigurosos por reconstruir OD KLVWRULD GHPRJUiÀFD GH 6DQWR 'RPLQJR HQ HO VLJOR XIX — en 1820 el país con- taba con cerca de 65,000 habitantes. A juzgar por sus cómputos, la población
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